Los funcionarios y funcionarias de carrera docentes estamos asignados a un régimen especial de Seguridad Social, MUFACE, con una caja propia y un sistema de cotización y servicios distintos a los del Régimen General. Entre las particularidades de MUFACE se encuentra la posibilidad de escoger entre las prestaciones médicas del Sistema Nacional de Salud (INSS) o las de una serie de entidades médicas privadas.
Desde hace años, STEM anima a las personas afiliadas y simpatizantes a que escojan la opción de la sanidad pública. Durante este mes de enero, es posible solicitar el cambio de entidad por las siguientes vías:
1. A través de la Sede Electrónica de MUFACE, utilizando certificado digital, DNI electrónico, Cl@ve Permanente o Cl@ve PIN, siguiendo la ruta “Mutualistas y sus Beneficiarios / Cambio ordinario de entidad sanitaria / Nueva entidad”.
2. Por correo postal, descargando y enviando el Modelo de Solicitud de Cambio de Entidad cumplimentado y firmado, al Servicio Provincial correspondiente. En el apartado de la solicitud “Entidad a la que desea ser adscrito/a” hay que indicar INSS.
3. Desde cualquier Registro de los contemplados en el artículo 16 de la Ley 39/2015, de 1 de octubre, lo que incluye el Registro Electrónico Común de la Administración General del Estado (REC).
4. En caso de problemas con el servicio electrónico o el envío postal, también se puede acudir presencialmente a las oficinas provinciales para formular la solicitud, con cita previa.
¿POR QUÉ ANIMAMOS A ESCOGER SANIDAD PÚBLICA?
Porque es preciso detener la privatización de servicios esenciales: El último convenio firmado por el Gobierno con Segurcaixa-Adeslas y ASISA para los años 2025-2027 supone la transferencia de 4.808 millones de euros (1.600 millones anuales), frente a los 3.571 millones del periodo 2022-2024 (1.190 millones de euros anuales). Esto ya representaba 64 millones anuales más que en el anterior convenio (2020-2021), que recogía a su vez otro incremento de 32 millones anuales respecto al periodo 2018-2019. Convenio tras convenio, el Gobierno ha venido aumentando las dádivas a las empresas de la sanidad privada, que piden cada vez más dinero bajo la constante amenaza de que no podrán mantener la cartera de servicios que ofrecen al personal funcionario. Este dinero, destinado a mejorar la cuenta de resultados de compañías privadas, no sale de la nada: se detrae del sistema público, contribuyendo a deteriorar lo que es de todos y todas.
Porque no somos como otros sindicatos: El año pasado vivimos acontecimientos muy esclarecedores: determinados sindicatos que ante su afiliación dicen defender los servicios públicos, no dudaron en cerrar filas con las empresas de la sanidad privada en la disputa que estas mantuvieron con el Gobierno por conseguir más dinero, contribuyendo a mantener durante meses a cientos de miles de funcionarias y funcionarios en la más absoluta incertidumbre. Patrones de organizaciones que dicen defender a los y las profesionales de la sanidad pública y del sector público en general no dudaron en presionar, incluso con la convocatoria de movilizaciones, para favorecer, al fin y al cabo, el acaparamiento de recursos públicos por parte de las empresas de la sanidad privada.
Dentro de dos años, cuando vaya a expirar el convenio vigente, estas empresas no tendrán ningún reparo en volver a jugar con sus asegurados generándoles la misma inquietud: se quejarán de la supuesta insostenibilidad de la atención al personal de MUFACE y si no les dan el dinero que pidan, quizá esta vez sí decidan prescindir de los funcionarios y funcionarias y de sus familias. En el “mejor” de los casos, les mantendrán sumidos en la incertidumbre una y otra vez.
En STEM, ni cerramos los ojos al desvío de fondos públicos a empresas privadas, ni mucho menos lo alentamos. Más que animar a escoger sanidad pública, animamos a rechazar el dudoso “privilegio” de escoger sanidad privada financiada con dinero público.
Por coherencia: Para STEM, mantener inyecciones milmillonarias de dinero público a empresas de la sanidad privada vía MUFACE está al mismo nivel de incongruencia que el de unos hipotéticos acuerdos para favorecer la escolarización de los hijos e hijas del personal funcionario docente en centros privados-concertados. Jamás se nos ocurriría defender esas prácticas con excusas tan peregrinas como que así aliviamos la presión sobre los centros públicos ayudando a bajar las ratios y a mantener la calidad de un sistema educativo público infradotado. Sin embargo, cosas similares se argumentan para justificar la elección de la asistencia sanitaria privada, y con ello, la derivación a manos privadas de fondos que deberían destinarse a la sanidad pública.
Si sufrimos los recortes y defendemos, como trabajadores y trabajadoras, los servicios públicos, deberíamos defenderlos también como usuarios. Las redes privadas son un factor de desclasamiento. Pero las empleadas y empleados públicos, por mucho que nos quieran convencer de otra cosa, no dejamos de ser clase trabajadora. Para STEM, estano es una realidad que debamos negarnos, sino un motivo de orgullo.
Por calidad: Ante una dolencia grave, sólo la sanidad pública ofrece garantías de que no se van a escatimar pruebas y tratamientos en aras del beneficio empresarial. Las sociedades concertadas han restringido servicios a medida que tenían que atender a más usuarios y la media de edad de los mismos se elevaba. Recordemos, por ejemplo, que en 2015, Adeslas y ASISA suprimieron sus servicios de oncología y radioterapia, cardiología o neurología, dejando sin tratamiento a muchos mutualistas. [ver noticia]. Laconstante desviación de dineropúblico a estas compañías ni se invierte ni se invertirá en mejorar la atención sanitaria, sino en incrementarsumargen de beneficio.
Estas empresas tienen formas “legales” de deshacerse de los funcionarios y funcionarias o de sus familiares cuando sus tratamientos ya no les salen rentables, bajo el eufemismo de “cambio al INSS por razones médico-hospitalarias”. Hablando de calidad, resulta interesante saber que a pesar de haber un periodo ordinario para el cambio de entidad médica, no existe plazo cuando se trata de solicitar el cambio de entidades privadas al INSS “por razones médico-hospitalarias”. Las 11 causas contempladas en la solicitud [ver aquí] representan una buena radiografía de las limitaciones de la asistencia sanitaria que ofrecen estas empresas, o en otras palabras: de lo que no están dispuestas a hacer por los funcionarios y funcionarias y sus familias cuando les vengan mal dadas.
ÚLTIMOS DATOS OFRECIDOS POR MUFACE:
POR PRIMERA VEZ, LA SANIDAD PÚBLICA ES LA PRIMERA ENTIDAD EN NÚMERO DE TITULARES
Tras los dos últimos periodos abiertos para el cambio de entidad médica (el periodo extraordinario de mayo para ex-beneficiarios de DKV y el periodo ordinario de junio), el número de mutualistas que eligen la sanidad pública sigue aumentando: El INSS registra un saldo neto positivo de 193.146 nuevos mutualistas titulares; un 52,1% de los cambios de entidad y casi el doble queSegurCaixa Adeslas, que suma 99.523 (26,8%). Asisa registra 78.079 nuevos mutualistas titulares (21,1%).
En términos globales, los porcentajes son de un 36,6% de mutualistas titulares en la sanidad pública y un 63,4% para la concertada.
El balance final arroja un dato histórico: por primera vez, la sanidad pública es la entidad con mayor número de mutualistas titulares, superando a SegurCaixa Adeslas: 417.928 titulares (el 36,6% ya citado) frente a 416.692 (36,5%). Asisa aglutina 306.559 (26,9%). A pesar de haberse reubicado decenas de miles de mutualistas titulares procedentes de una entidad privada (DKV), hay un vuelco a favor de la sanidad pública desde la publicación de los últimos datos desglosados por entidades (de enero de 2024), en que SegurCaixa Adeslas aglutinaba el 33,1% de titulares y el INSS el 30,4%. Y esto se debe a que la mayoría de ex-beneficiarios de DKV no ha optado esta vez por entidades privadas.
Si sumamos beneficiarios y titulares, el porcentaje aún es favorable a SegurCaixa Adeslas: 573.868 (36,8%) frente a los 567.530 de la sanidad pública (36,4%). Asisa aglutina 418.921 (26,8%). Pero la tendencia parece indicar que esto no será así por mucho tiempo.
EN CONCLUSIÓN:
Desde STEM, deseamos que el porcentaje de mutualistas que eligen sanidad pública siga creciendo. Como todos lo años, animamos a todo el profesorado funcionario de carrera (que constituye el 62% de los mutualistas de MUFACE) a secundar lo que consideramos un acto de coherencia.
Si año tras año miles de funcionarios y funcionarias de carrera, conociendo la sanidad privada y pudiendo hacer uso de ella de forma “gratuita” (ya que la cotización a MUFACE es la misma elijas pública o privada) deciden abandonarla… Y si dos de cada tres nuevos funcionarios de carrera eligen la sanidad pública… por algo será. Por algo será que el porcentaje de mutualistas adscritos a la sanidad pública se haya más que duplicado en 15 años, pasando del 17,4% en 2010 al 36,6% en 2025, con incrementos anuales constantes.
Cabe plantearse qué podemos hacer, como ciudadanos y como empleadas y empleados públicos, más allá de votar cada cuatro años. En STEM lo tenemos claro: hay que apostar por la sanidad pública como usuarios y defenderla, en lugar de colaborar al crecimiento de entidades con ánimo de lucro que, en la medida en que absorban usuarios de la sanidad pública, pueden servir de excusa a cualquier gobierno para recortar el presupuesto del único sistema que hará todo lo posible por nuestra salud cuando SegurCaixa Adeslas o Asisa se limiten a enseñarnos dónde está la salida cuando nosotros o nuestros hijos o hijas tengamos una dolencia grave que no les salga a cuenta.
De entrada, al elegir sanidad pública ya hacemos algo muy importante: reducimos la desviación de recursos a la sanidad privada, pues el dinero asignado a estas compañías también depende del número de mutualistas que las eligen. Por eso, una vez más, animamos a todos los funcionarios y funcionarias de carrera: antes de que la sanidad privada prescinda de vosotros, prescindidvosotros de ella.
ELEGID LA SANIDAD DE TOD@S
¡ELEGID SANIDAD PÚBLICA!
