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STEM Intersindical Sector de Enseñanza Pública no Universitaria

No es nada nuevo: ocurre año tras año. Utilizar las oposiciones como arma de desprestigio social de la profesión docente forma parte del plan de unos pocos para hacer ver a toda la sociedad que lo público no funciona y que las oposiciones, hasta ahora garantía de “excelencia”, se han convertido un “coladero” de gente sin formación que casi no sabe ni escribir. Aberrante, pero parece que está funcionando y la sociedad lo compra.

Todos los medios de comunicación se suben al carro, con titulares escandalosos sobre las supuestas barbaridades de estos docentes “mal formados”, convertidos en chivo expiatorio de todos los males que aquejan a la educación, de los que precisamente los docentes son, junto al alumnado, las primeras víctimas. Los mismos medios seguirán dedicando sesudos análisis a las noticias cada vez más frecuentes de agresiones al profesorado, consecuencia en gran medida del desprestigio que ellos mismos alientan… análisis que a menudo acabarán en la misma conclusión en bucle: que los docentes necesitan más formación.

Las redes sociales no se quedan atrás y dejan a los maestros y maestras a la altura del betún. Luego nos extrañamos de que en muchos territorios sea difícil encontrar docentes y de que, tras el agotamiento de las listas ordinarias y la apertura de listas extraordinarias en incontables especialidades, haya que recurrir al SEPE porque cada vez menos gente quiere trabajar en la enseñanza; todo ello mientras se repite el mantra de que “vivimos de maravilla” y somos unos privilegiados que, cuando no hacemos huelga, estamos de vacaciones.

Mientras este ruido suena, alimentado por los enemigos de la Escuela Pública y por los patrocinadores del negocio de la escuela privada-concertada (de cuyos males nadie habla), no se pone el foco en los verdaderos problemas de la Escuela Pública:

La falta de inversión, muy por debajo de lo deseable respecto al PIB; la pérdida de poder adquisitivo del profesorado desde 2010, que está provocando un abandono cada vez más visible; la utilización de las leyes educativas como herramienta partidista, en lugar de responder a un pacto de Estado que deje la educación al margen del “circo político”; la burocracia absurda e inoperante que nos desvía de nuestro verdadero trabajo, ENSEÑAR Y EDUCAR; aulas sin climatizar e infraestructuras que no superan inspecciones técnicas; las plantillas mermadas y envejecidas; las ratios que no permiten atender la creciente diversidad y los contextos socioeconómicos complejos de muchas aulas: nadie se para a considerar el hecho de que todos los problemas que aquejan a las familias trabajadoras (bajos salarios, precariedad habitacional, adicciones, problemas de salud mental, etc.) tienen un impacto directo en las aulas y que el profesorado tiene que compensar con esfuerzo y horas extra la carencia de los medios y apoyos necesarios. Y la guinda del pastel es un sistema de oposición obsoleto, con una carga subjetiva enorme, que sigue examinando con temarios del siglo pasado en condiciones tercermundistas tanto para opositores como para tribunales, que deben pasar horas en pleno mes de julio soportando temperaturas extremas, porque al contrario que otros cuerpos de la administración, por algún motivo, los docentes no tienen derecho a examinarse con aire acondicionado.

Mientras, la culpabilización de los docentes por los malos resultados del alumnado y el bulo de nuestra “mala formación” permite a las administraciones seguir eludiendo su responsabilidad por el abandono institucional de la Escuela Pública y la falta de inversión y les permite seguir perpetrando, por acción u omisión, la privatización de un servicio público esencial.

Como sindicato de trabajadores y trabajadoras de la enseñanza, denunciamos la campaña permanente de desprestigio hacia los compañeros y compañeras de la Escuela Pública, una verdadera cruzada contra nuestra labor y nuestra dignidad.

Nuestro mensaje es claro: CUIDAR DE QUIEN ENSEÑA ES CUIDAR DE LA ESCUELA PÚBLICA. El STEM va a seguir haciéndolo, apoyando a quienes opositan y a quienes forman parte de los tribunales, y denunciando que el problema no es la formación del profesorado, sino el abandono deliberado de la educación y las políticas que la precarizan y la entregan, por la puerta de atrás, al negocio privado. Frente a eso, solo hay una respuesta: unidad, organización y lucha.