¡VIVA EL PRIMERO DE MAYO,
DÍA INTERNACIONAL DE LA CLASE TRABAJADORA!
El 1º de Mayo debe ser una jornada de lucha. Su origen se remonta a la reivindicación de la jornada de 8 horas, que a pesar de su coste en sangre y esfuerzo, culminó con la victoria de la clase trabajadora. Es significativo que cuando esta conmemoración perdió su carácter y se convirtió en un puente más, no hacemos más que retroceder en la conquistas y derechos. Sobran motivos para salir a la calle. El capitalismo, cuando habla de crisis, a lo que se refiere es a incrementar la tasa de beneficios empresariales a costa de las rentas del trabajo. Se incrementan las jornadas reales de trabajo y las responsabilidades del empleado, pero la capacidad adquisitiva de los salarios no deja de caer.
Además, durante las últimas décadas, asistimos a un ataque continuado a servicios públicos y pensiones, que no dejan de ser formas de salario indirecto o diferido. Se cuestiona permanentemente la sostenibilidad de la sanidad pública o del sistema de pensiones (nunca la de la Policía o la Casa Real), con el objetivo de abrir una cartera de clientes para el negocio privado. Se coacciona a los asalariados para prolongar su vida laboral (duelen las noticias de personas de edad avanzada muertas en el andamio), mientras que multitud de jóvenes no encuentran empleo. Ya no es raro encontrar bajo los umbrales de la pobreza a personas con empleo, y poder disfrutar de una vivienda digna se ha convertido en un privilegio. Después de haber eliminado buena parte del tejido productivo, las ciudades se convierten en parques temáticos para turistas, cuyos mayores beneficios recaen en un cada vez más reducido grupo de rentistas.
Al sistema en crisis le viene bien que las relaciones internacionales terminen por regirse con el único argumento de la fuerza. La guerra que ha mantenido Rusia contra el proxy de la OTAN, Ucrania, está en vías de finalizar dejando un escenario incierto, pero la desestabilización de Oriente Medio y el genocidio del pueblo palestino por parte del ente colonial israelí, peón de Occidente en la zona, todavía continúa con toda su virulencia. El incremento de la tensión en el Mar de China toma, hasta el momento, forma de guerra económica, pero pueden abrirse multitud de escenarios.
No podemos ignorar la posibilidad de una intervención militar ante las políticas anticolonialistas de los gobiernos integrantes de la Alianza de Estados del Sahel, que parecen decididos a ejercer el control sobre sus importantes recursos naturales y poner en marcha fuertes programas de inversión pública para proporcionar condiciones de vida dignas a unas poblaciones depauperadas tras siglos de rapiña a manos de potencias coloniales y neocoloniales. Por el mismo motivo, el presidente de Burkina Faso, Thomas Sankara, fue derrocado y asesinado en 1987 (conviene no olvidar que al sistema en crisis también le viene bien la rapiña de los recursos naturales por parte de grandes compañías).
La carrera de armamentística a la que nos arrastran la OTAN y la Unión Europea (con el beneplácito del Gobierno) significa que se detraerán recursos de los servicios públicos para nutrir los beneficios de la industria armamentística europea y, sobre todo, norteamericana, mientras organizaciones que se dicen de clase jalean este incremento del gasto militar. No podemos seguir jugando a esta ruleta rusa y confiar en que la sensatez de nuestros dirigentes vaya a impedir que alguno de los focos de tensión degenere en una guerra generalizada. Las dos Guerras Mundiales que tuvieron lugar en el siglo XX deberían ser una lección suficiente para saber que la aceleración de la carrera armamentística no es un elemento disuasorio de conflictos (más bien todo lo contrario) y que la víctima de la barbarie y de las penalidades es siempre el pueblo llano.
Por todo ello, es importante que este Primero de mayo se convierta en una protesta contra el incremento sin precedentes del gasto militar que está llevando a cabo el Estado Español. No vamos a ser cómplices de estas políticas suicidas, ni carne de cañón dócil para alimentar la cuenta de resultados de unos pocos. La única batalla que vamos a afrontar es por nuestros derechos.
Por la defensa de los servicios públicos. Por la recuperación de la capacidad adquisitiva.
Por los derechos laborales perdidos. Por el acceso a una vivienda digna.
Contra el imperialismo y la guerra.
¡VIVA LA CLASE TRABAJADORA! ¡VIVA EL PRIMERO DE MAYO!